miércoles, 24 de octubre de 2012



Tengo el corazón un poco en ningún lado,  la cabeza en todas partes,  el cuerpo dolido y el alma extraviada en un recuerdo que no quiere volver…

 Mis pies están sobre la almohada y mi cara entre las manos. Es tarde y mi cuerpo que sabe donde está y que debe dormir  no consigue coincidir con mi neurosis y los dáctiles movimientos que ésta provoca sobre el teclado.
            Esta noche podría ser la última de mis codos y mis rodillas sobre este colchón, de la espalda sin masaje y los pies sobre el muro. Ahora que no hay luz y que estoy sola debo cerrar los ojos  para ver si mañana tendré el mismo cielo por techo, si mi estomago se quejará hambriento de  los mismos miedos, si debo esperar a que sea de día para que mis manos no vuelvan a teclear suave en una noche como ésta.
            Si tengo extraviada el alma tal vez salga pronto a buscarla, si me preguntan como es tal vez baste un renglón para describirla, pero si preguntan dónde buscar no bastarán todos los lugares, los rostros, los besos y los momentos para  que aparezca completa…
            Mi disperso y atolondrado corazón no conseguirá el acompasado y  tranquilo ritmo del amor bien medido, con la mesura de quien sabe no ha de perder lo ganado; mi corazoncito bugüi-bugüi saltará siempre de un lado a otro sin ritmo y sin mesura, sin ganancia probada y sin amor eterno.

            Por mi cuerpo no hay que preocuparse más de los debido, se arropará en la cama de casa de mamá, la cama de siempre , y mañana tendrá las energías suficientes para abandonarse de nuevo a la búsqueda de una yo que encuentre las piezas que articulen mi cabeza, mi corazón y los pasos que a diario voy dando.

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