Carta
de amor en el último momento
Como me hubiese gustado no vivir
para contarlo
y sin embargo frente a esta
última consecuencia tengo que decirlo.
En vano la negación y las horas
de aislamiento, en vano no querer que la luz le diera a esta sensación profunda,
a este oscuro estado de las cosas.
Verte por última vez, ahí entre
tantos, lejano, sin que tu voz o tus ojos me tocaran. Ese último encuentro sonó
hueco, cayó lento y oscuro como una piedra pequeña tirada a un pozo profundo.
Y sí, estabas ahí te veía,
incluso hubiera podido tocarte, acariciarte lento con una frase suave o con un
suspiro de amor arrebatado; pero todo hubiera caído lento y oscuro.
No había nada que hacer
entonces, ni las lágrimas, ni los reproches darían sentido a ese momento.
Y me encontré, de pronto, atada
de pies y manos, de razón y de alma, sin sonido que cortara el aire denso, sin
imágenes para mis ojos y cayendo lento, pero ahora ni la oscuridad podría
albergar tanto sin sentido.
Te amé, tanto como morí, de pie,
ahí junto contigo.
Te escribo ahora porque no
podría dejar de hacerlo, porque habría de poner un punto final antes de salir
corriendo sin nada puesto, sin equipaje en la mano, sin razón y sin sentido…
Sólo unas últimas líneas de un
amor sublimado, que aunque siga existiendo ya no conseguiré asir de nuevo.
Las últimas líneas sin esperar
respuesta, sabiendo que ya ni siquiera
podrás leerlas.
Ahora sí, punto final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario